" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

sábado, 5 de diciembre de 2009

Vladimir Nabokov: "El lector de talento.."

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Alexander Pushkin (1799-1837)"No rendir cuentas a nadie; ser vasallo y señor de sí mismo" recuerda Nabokov a sus alumnos citando al gran poeta ruso cuyo amor a la libertad e independencia de creador admiraba y  de quien tradujo al inglés Eugenio Oneguin y dedicó un profundo  estudio a su obra.


Habla memoria (1966),  la autobiografía del escritor ruso Vladimir Nabokov y comienza:
"Esta obra es un montaje sistemático de recuerdos personales que se extienden geográficamente desde San Petersburgo hasta St. Nazaire, y que abarcan treinta y siete años, de agosto de de 1903 a mayo de 1940, con unas pocas incursiones hacia el espacio-tiempo posterior."


En 1919, tras la Revolución bolchevique, Nabokov (1899-1977) hijo de una aristocrática e ilustrada familia de San Petersburgo, abandonó con los suyos Rusia.En Inglaterra continuó los  estudios en el Trinity College,donde se centró en la literatura europea y rusa y se graduó en Cambridge en 1922 con excelentes calificaciones.

El espacio-tiempo posterior a que se refiere en la autobiografía comienza en 1940 con el exilio a Estados Unidos,y continúa en Suiza  donde se traslada en 1959 (con la independencia económica que le proporcionó el éxito de Lolita ) donde continuará escribiendo y vivirá hasta su muerte,  en Montreux.En esos años publica Pálido fuego y Ada o el ardor ,dos de sus novelas más destacadas aunque no produjeran el escándalo, ni los réditos de Lolita.

Los primeros años en Estados Unidos subsistió colaborando  en The New Yorker que le proporcionó el crítico y escritor Edmund Wilson,y enseñando literatura y creación literaria en las universidades de Stanford, Wellesley, Cornell y Harvard.Sobre estas clases en una entrevista para The Paris Review , en los años sesenta,a la pregunta de Herbert Gold de si aprendió algo valioso de sus alumnos de Cornell,  responde:
(...) Cada clase que dictaba había sido cuidadosa, amorosamente preparada y escrita(...)Mi mayor recompensa proviene de los ex alumnos que diez o quince años después me escriben para decirme que ahora comprenden qué pretendía de ellos cuando les enseñaba a visuaizar el peinado mal traducido de Emma Bovary o la distribución de las habitaciones de los Samsa o de los dos homosexuales de Ana Karenina. No sé si aprendía algo enseñando, pero sé que amasé una cantidad incalculable de información estimulante al analizar para mis alumnos una docena de novelas.
Posteriormente  esas clases se editaron como libros. En Curso de Literatura Rusa,publicado en España en 2009 por Zeta Bolsillo, hay reflexiones  agudas, personales y muy duras a veces sobre escritores consagrados; habla a sus alumnos de libertad, de creación,de la censura férrea en los países comunistas...pero sobre todo de literatura,de forma tan cautivadora, que no se puede dejar de envidiar a quienes asistieron a sus clases. También les cuenta cómo los lectores de talento se resisten a ser manipulados y así colaboran con los buenos escritores,y para ello les explica qué es un lector de talento:



"...así como la familia universal de los escritores de talento trasciende las barreras nacionales, así también es el lector de talento una figura universal, no sometida a leyes espaciales ni temporales. Es él, el buen lector, el lector excelente , el que una y otra vez ha salvado al artista de su destrucción a manos de emperadores, dictadores, sacerdotes, puritanos, filisteos, moralistas políticos, policías, administradores de Correos y mojigatos. 

Permítaseme describir a ese lector admirable. No pertenece a una nación ni a una clase concretas. No hay director de conciencia ni club del libro que mande en su alma. Su actitud ante una obra narrativa no se rige por esas emociones juveniles que llevan al lector mediocre a identificarse con con tal o cual personaje y "saltarse las descripciones". El buen lector, el lector admirable, no se identifica ni con el chico ni con la chica del libro, sino con la mente que ideó y compuso ese libro. 

El lector admirable no acude a una novela rusa en busca de información sobre Rusia, porque sabe que la Rusia de Tolstoi o de Chéjov no es la Rusia promediada de la Historia, sino un mundo concreto, imaginado y creado por el genio personal. Al lector admirable no le preocupan las ideas generales: lo que le interesa es la visión particular. 

Le gusta la novela, pero no porque le ayude a vivir integrado en el grupo (por emplear un diábolico cliché de la escuela progresista); le gusta porque absorbe y entiende todos los detalles del texto, porque goza con lo que el autor deseó que fuese gozado, porque todo él se ilumina interiormente y vibra con las imaginerías mágicas del falsificador, el forjador de fantasías, el mago, el artista. A decir verdad, de todos los personajes que crea un gran artista, los mejores son sus lectores."