" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

sábado, 9 de agosto de 2008

"Freya la de las siete islas", Conrad en estado puro

En los mares China, en el rosario de islas, incontables, de todos los tamaños, más o menos donde indica el mapa,  se desarrolla la historia con la que Joseph Conrad, una vez más, hechiza al lector.





En Freya la de las siete islas, se mezclan de manera casi imposible  amor y  aventura, como si estuviera compuesta por una voz épica y lírica unidas.Los protagonistas principales son Freya, Jasper Allen y el entorno mágico de los mares del Sur.

                                              El Bonito, faenando de isla en isla.



Conrad describe así a Freya:

"Freya Nelson (o Nielsen) era de esas chicas que recuerda uno toda la vida. El óvalo de su cara era perfecto; y aquel marco perfecto encerraba unas facciones admirablemente proporcionadas y una tez deliciosa , dando una impresión de salud, de fuerza y de lo que pudiéramos llamar "confianza inconsciente en uno mismo"...Su rostro dejaba traslucir un temperamento decidido, pero encantador y con algo de caprichoso. No quiero comparar sus ojos con las violetas, porque su verdadero matiz era muy particular, no tan oscuro y más brillante que el de aquéllas.[-] Solía llevar un vestido blanco, cuya falda dejaba al descubierto las botas muy limpias, de color marrón y acordonadas. Si había en su vestimenta algún color, era, acaso, una pizca de azul".


Y a Jasper Allen y su bergantin el "Bonito":

"Y Jasper, en verdad, era el perfecto caballero. El mismo bergantín era por entonces negro y enigmático y estaba muy sucio: una empañada joya marina o, mejor quizá, una obra de arte olvidada. Pues debió haber sido un artista el constructor anónimo que sacó líneas tan bellas de la más dura madera tropical ensamblada con cobre de primera calidad. Vaya usted a saber en qué parte del mundo fue construido. El mismo Jasper no pudo averiguar gran cosa de su historia; nada pudo sacarle al sentencioso peruano-taciturno como él solo-si es que era peruano y no el diablo en persona como afirmaba Jasper jocosamente. A mi juicio, era el barco lo bastante viejo para haber sido uno de los últimos buques piratas, un negrero, a lo mejor, uno de los primeros clippers dedicados al contrabando de opio.
Sea como fuese, estaba tan sólido como el día de su botadura, navegaba como una bruja, maniobraba con la facilidad de una canoa y-a semejanza de tantas mujeres hermosas cuyas andanzas registra la historia- parecía poseer el secreto de una juventud perpetua"[-]


Y la atmósfera de la historia:

"Eso era cierto. El bergantín traficaba solamente por costas semisalvajes -regidas por bajaes de oscuro linaje-, por bahías desconocidas, por poblados indígenas a orillas de ríos misteriosos que abrían sus sombríos y selváticos estuarios entre arrecifes verde-pálidos y cegadores bancos de arena, por estrechos solitarios de agua azul e inmóvil reverberando al sol...El bergantín, solo, lejos de toda ruta frecuentada, se deslizaba- con su impecable blancura- burlando la amenaza sombría de los promontorios, ocultándose- silencioso como un fantasma- tras cualquier punta de tierra que cortase el mar como negra espada a la luz de la Luna. O bien, permanecía al pairo, como un ave marina que durmiese, a la sombra de alguna montaña sin nombre."



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